El barrio de La Boca y Catalinas Sur

El barrio de La Boca y Catalinas Sur A mediados del siglo XIX, los apenas 4 kilómetros de distancia entre la desembocadura del Riachuelo en el Río de la Plata y el centro de Buenos Aires,  hacían del barrio de “La Boca” un poblado distante, utilizado como puerto.

Muchos inmigrantes italianos, se instalaron ahí. En esta barriada de marineros perduraron junto con los dialectos, el espíritu y  las costumbres;  proliferaron las  cantinas donde se podían saborear los platos tradicionales al compás de un alegre tarantella o una nostálgica canzonetta.

La población de "La Boca" se fue consolidando, el progreso disminuyó la distancia con el centro de la gran urbe; la actitud solidaria y militante fue parte de su identidad, y determinó que de ahí surgiera el primer legislador socialista de América Latina: Alfredo Palacios.

La construcción de casas sobre pilotes (en prevención de las inundaciones), con chapas y maderas desechadas del puerto, pintadas con los sobrantes de pintura de los astilleros, es una característica propia que singularizó y distinguió esta parte de Buenos Aires.

El barrio de La Boca y Catalinas Sur Muchos de estos edificios fueron, y son, conventillos, originariamente llamados “los patios”; viviendas colectivas que albergan varias familias. Constaban de pequeñas habitaciones de dos por dos o dos por tres metros, en cada una de la cuales vivían  todos los integrantes de la familia. Todos compartían los baños y los piletones para lavar la ropa que estaban en  el patio, al que daban las puertas de las habitaciones, a menudo vidriadas.

La escasez de viviendas y la pobreza, hizo los conventillos, el primer hogar de los inmigrantes. Allí todos sabían de todos. Allí se mezclaban las familias, los chicos jugaban en distintos idiomas mientras las madres lavaban ropa juntas en el patio, cocinaban, intercambiaban secretos, compartían esperanzas, nostalgias  y esperas ansiosas de noticias de sus afectos lejanos.

El hacinamiento y la falta de intimidad, fue, en alguna medida, compensada por la trama solidaria, por el  gusto de "hacer por y con otros". Donde el cansancio de una matrona regordeta y canosa, se disolvía en la sonrisa de satisfacción mientras le contaba al verdulero:"hoy amasé ravioles para los tres patios".

El barrio de La Boca y Catalinas Sur El tiempo produjo el deterioro edilicio de los conventillos, y, por iniciativa gubernamental, se dispuso la creación del barrio Catalinas Sur, para albergar allí a sus habitantes.

Los avatares de la economía argentina transformaron el proyecto original. Familias jóvenes de  clase media que apreciaban la posibilidad de vivir entre jardines, sin calles donde circularan autos y con caminos internos que conectaban todos los edificios, se integraron al nuevo barrio.

Como en reiteradas oportunidades, el gobierno no cumplió. Los edificios  entregados a los nuevos propietarios estaban en medio de un barrial; y fueron los vecinos, gran parte de ellos, los que en acción solidaria, concretaron con su laboriosidad e iniciativa, la construcción de los caminos internos, los jardines, las placitas, los areneros con juegos infantiles, el plantado de los árboles, la canchita de fútbol.

Cuando la escuela que donó, en apoyo a la educación pública y gratuita, Don Carlos Della Penna, un inmigrante generoso y agradecido, quedó a medio construir, jaqueada por las cíclicas inflaciones; los vecinos se constituyeron en una Mutual, que trabajó con ahínco hasta que estuvo terminada y al servicio de la comunidad.

La dictadura militar iniciada en el año 1976 eliminó toda forma de organización solidaria y la Mutual fue expulsada de la Escuela. Una parte de sus integrantes resistieron  manteniendo la institución al servicio del barrio, desarrollando una intensa labor solidaria y cultural.

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